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Los ácidos grasos esenciales, particularmente el ácido docosahexaenoico (DHA) y el ácido araquidónico, son importantes sustancias de la membrana celular del cerebro y la vaina de mielina alrededor de los nervios. Contrariamente a los ácidos grasos saturados, cuya cadena carbónica es recta, los ácidos grasos poliinsaturados tienen una cadena carbónica con varios enlaces. Una proporción más alta de ácidos grasos poliinsaturados en la membrana celular la hace más flexible y menos rígida, lo que beneficia el sistema membranal. Durante el último trimestre del embarazo y durante el período de lactancia, la madre da a su hijo muchas cantidades de ácidos grasos poliinsaturados. Para ello recurre a sus propias reservas y la necesidad diaria de ácidos grasos esenciales procedentes de la alimentación incrementa. Especialmente DHA es importante: la proporción de DHA en la leche materna es más alta conforme la madre consuma más pescado y otros alimentos del mar. Tanto para la madre como para el niño un buen estado de DHA es esencial. Un buen estado de DHA del bebé: - es benéfico para la vista; - apoya la formación del sistema nervioso; - estimula el sano desarrollo físico y psíquico. Un buen estado de DHA de la madre: - apoya el metabolismo general; - es benéfico para el espíritu lúcido y estimula la concentración, la memoria y el rendimiento intelectual; - apoya la transmisión de los impulsos entre las células..
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